PEAD – LNAG

Convenio

EMPATÍA COMO SENTIMIENTO

LA EMPATÍA COMO SENTIMIENTO DE SERVICIO EN TIEMPOS DE PANDEMIA

LA EMPATÍA COMO SENTIMIENTO DE SERVICIO EN TIEMPOS DE PANDEMIA

ESCRITO POR CLAUDIA CABALLERO ALIPÁZAGA DOCENTE DEL PEAD

Uno de las habilidades esenciales, de importancia relevante que, en estos tiempos de pandemia, se ha convertido en protagonista es sin duda, la empatía.

La  empatía  encierra  un  conjunto  de  valores  como:  compasión, solidaridad, tolerancia entre otros; que son necesarios trabajarlos en los niños para así conservar la esperanza traducida en confianza de seguir por el camino que Jesús nos enseñó. Tolerar la frustración, comprender y aceptar que los demás también tienen necesidades y derechos, aunque no siempre estén de acuerdo con nosotros, abrazar la realidad ajena como nuestra, es parte de lo que nos toca poner en práctica en estos tiempos tan difíciles para el mundo.

Desde que llegó a nuestro país el COVID-19, nos invadieron sentimientos de miedo, incertidumbre, desconfianza; que por un momento nos alejó, de manera voluntaria e involuntaria de las personas. Sin embargo, estos sentimientos  nos  ocuparon  por poco tiempo ya que dejamos salir, sin darnos cuenta nuestra capacidad de servicio a los demás.

 

Por lo tanto, nuestro sentimiento de alegría no solo puede manifestarse en situaciones tranquilas o normales. Este sentimiento profundo que procede de Dios se revela aún en contextos de crisis y dificultades. No  se trata únicamente de la expresión de la risa o la broma, o de vivir en una realidad ajena a las preocupaciones; antes bien, se explicita en la paz de corazón. Como bien lo ha señalado el Papa   Francisco:   “El   primer   escalón   de   la alegría   es   la   paz:   sí,   cuando   vienen   las pruebas, como dice san Pedro, uno sufre; pero baja y encuentra la paz y esa paz no puede quitarla ninguno.” (Papa Francisco. Misas matutinas en la capilla de la Domus Sanctae Marthae. Alegría cristiana 2018). Con el Papa, podemos decir que esa verdadera paz se construye en la confianza sencilla puesta en aquel que todo lo puede, y suscita mayor alegría cuando se expresa generosamente.

 

El tiempo de pandemia, si bien fue un tiempo de miedo y tristezas, también fue tiempo para reflexionar y llevar a cabo todas esas cosas que en algún momento postergamos dándonos la oportunidad de desarrollar y ejercer nuestra capacidad de personas empáticas en cada una de nuestras actitudes:

 

Cuando salimos de nuestros pensamientos para entrar en los pensamientos de aquellas personas que estaban en la cama de algún hospital o a la espera de ser atendidos; nos hizo aceptar que podíamos esperar en casa para dar espacio al que más lo necesitaba.

  • Cuando dejamos por  un  momento  nuestros  sentimientos  para  entender  los  sentimientos  de  otros  y  les brindamos unas palabras de aliento y de fortaleza.
  • Cuando callamos y atentamente escuchamos a quienes necesitaban expresarse.
  • Cuando nos pusimos  en  el  lugar  de  otras  personas  y  valoramos  sus  experiencias,  sus  sufrimientos  y  sus afectos; viendo nuestros problemas como más pequeños.
  • Cuando sentimos compasión y deseamos ayudar a aquellos no tan afortunados, como los que tuvieron que quedarse lejos de sus hogares debido a la inmovilización.
  • Cuando miramos con los ojos del otro y sentimos con el corazón ajeno, lamentándonos por la pérdida de los familiares de nuestros conocidos y no conocidos.
  • Cuando elevamos una oración por el que no podía hacerlo, pero lo necesitaba.

 

Estas y otras acciones que tuvimos durante estos tiempos difíciles por el que nos tocó pasar  mientras aguardábamos con esperanza la milagrosa vacuna debemos seguir practicándolas.  Si  la  aparición  del  COVID-19 ha roto muros y ha atravesado fronteras, no construyamos nuevas fronteras que nos alejen de la realidad que nos rodea actualmente. Por ello, ser empático no es un sentimiento superficial, sino que es una expresión del corazón sincero que se abandona en Dios y encuentra su verdadero sentido en Él.

Cuando regalemos nuestra atención y nuestra presencia a los que amamos pensando en esos momentos que estuvimos alejados, estaremos siendo empáticos porque brindaremos alegría y manifestaciones de amor y cariño. Cuando nos invada un sentimiento de conexión especial con los demás, también estaremos siendo empáticos ya que no podemos tener relaciones personales efectivas si no somos empáticos. Cuando seamos defensores de la verdad, como Jesús nos enseñó, entonces estaremos siendo empáticos. Puede ser difícil, pero podemos comenzar por los que están cerca de nosotros. Al final, llegaremos a la conclusión de que cuanto más servimos, nuestra alegría será más completa es entonces que estaremos procediendo como personas empáticas.

Hoy, después de dos años de pandemia, nos toca seguir procediendo como personas empáticas, manteniendo lo esencial de la vida y evitando que actitudes opuestas se adueñen de nosotros. Estamos entrando a una nueva normalidad en la cual debemos preservar nuestras actitudes empáticas que proyecten pensamientos y motivaciones hacia las demás personas, continuar siendo compasivos y mantener esa cercanía a la fusión emotiva. La empatía debe ensanchar nuestros horizontes y nuestra capacidad de percepción que nos lleve a conocer una nueva realidad nos permita descubrir a nuestra humanidad.

Que en este tiempo de pandemia podamos vivir en empatía como fuerza divina que nos permita salir de nosotros mismos, no vivir encerrados en nuestros intereses. Seamos empáticos para que podamos irradiar ese gozo, que es manifestación de Dios, a las personas con las que interactuamos, y que esa alegría renueve nuestras propias convicciones y esperanza en un futuro mejor.

«Cuando perdemos empatía, perdemos nuestra humanidad” (Goldie Hawn).